8 ago. 2016

El tercer bando





Hemos visto en las últimas semanas muy activos en las redes sociales a los que defienden a la izquierda armada y a los que defienden a las Fuerzas Militares y atacan de un modo visceral el proceso de paz. Me parece que ambos bandos han caído en una trampa grave.
Los que creen en una izquierda armada idealizada a partir de la Revolución Cubana, la Revolución China o la de Rusia, es decir, en unos jóvenes que se fueron a la selva en busca de ciertos ideales sociales, hay que recordarles los atentados en los pueblos de Colombia con tanques de gas, los secuestros, las torturas, las vacunas a los ganaderos y cultivadores, los campos de concentración con seres hambrientos y famélicos encerrados allí durante años, las toneladas de coca exportadas y los millones de dólares ganados en un negocio vil que nos ha costado a los colombianos miles de vidas valiosas.
Esa izquierda armada perdió sus valores y sus ideales en el largo camino del enriquecimiento ilícito, el bandolerismo y la matonería. Han reclutado a menores de edad, han llegado incluso a hacer purgas entre ellos mismos y han fusilado a sus compañeros por idioteces.
Por el otro lado, a los defensores del establecimiento militar y político hay que recordarles también que el narcotráfico infiltró las campañas políticas desde los años setenta, condujo a Pablo Escobar al Congreso de la República, compró políticos por todo el país y se asoció con uniformados de todos los rangos para fortalecer su negocio. Hoy en día sabemos que el general Maza Márquez, antiguo director del DAS, está investigado por el magnicidio de Luis Carlos Galán, que hay militares implicados en los asesinatos de Jaime Garzón y de Álvaro Gómez, que muchos otros eran socios y compinches de los paramilitares en las masacres y genocidios, y que exterminaron a todo un partido político: la UP.
Incluso, cuando se investigó hasta dónde penetraba el dinero de los carteles,  se llegó al mismo Ministro de Defensa (Fernando Botero) y a la Casa de Nariño. Por eso, cuando salió del país Joe Toft, el director de la DEA en nuestro país por ese entonces, dijo que Colombia era una narcodemocracia. Lo atacaron, lo insultaron, lo amenazaron, pero años después, cuando teníamos a la mitad del Congreso en la cárcel por los juicios de la parapolítica, nos tocó reconocer que tenía razón.
Pero hay un tercer bando en toda esta historia: nosotros, la sociedad civil. Los que hemos madrugado a trabajar durante todos estos años, los que hemos pagado impuestos, los que no hemos expropiado campesinos ni amenazado a nadie, los que no andamos con el revólver al cinto, los que hemos salido a votar en conciencia. No deberíamos dejar que ninguno de los combatientes nos manoseen con sus arengas ni sus promesas. No deberíamos defender a ninguno de ellos.
 A nosotros nos interesa que se firme la paz por una simple y sencilla razón: porque tenemos derecho a que todo ese dinero que se ha invertido en la guerra empiece a pasar a manos de nuestros hijos y nietos en formas de becas estudiantiles, maestrías y doctorados en el extranjero. Queremos que nuestros impuestos no se vayan en armas y tanques, sino en infraestructura vial, en creación de empresas, en presupuesto para investigaciones en todas las áreas del conocimiento. Necesitamos que las nuevas generaciones puedan soñar y pensar más allá de todos los horrores que nos tocaron a nosotros.

Por eso el tercer bando y el más importante somos nosotros, la sociedad civil. Y no deberíamos identificarnos con ninguno de los combatientes, sino presionarlos para que firmen los acuerdos, los respeten y nos permitan construir hacia adelante una sociedad inteligente y lúcida. Tenemos derecho a invertir nuestro dinero en educación y cultura. No votaremos en el plebiscito para defender a ningún individuo armado, sino que votaremos por nosotros mismos y por los que vienen, porque estamos listos para demostrarle a la comunidad internacional de qué somos capaces a nivel de ciencia, tecnología, industria, artes, humanidades y deportes. La guerra es un negocio y no estamos dispuestos a seguir financiando más esa vagabundería. 

7 comentarios:

  1. Mario,

    qué gran acierto esta entrada, has logrado resumir algo que vengo pensando hace muchos años pero que siempre, cuando empezaba a indagar y a escribir al respecto, me llevaba a los mismos orígenes de nuestra nación y al bipartidismo absurdo que nos dirigió durante muchos años, y posteriormente cómo ese sistema fue mutando de manera casi imperceptible, tomando otros nombres, otras denominaciones, los líderes iban delegando sus poderes a sus vástagos; de hecho hoy en día ya los poderes políticos principales del país no se denominan conservadores o liberales, ahora tienen otros nombres, queriendo simular estar en el centro o en su defecto, propendiendo al progreso, pero en realidad sus principios fundacionales, sus doctrinas y sus prácticas, siguen siendo las mismas, y el tercer partido, como sabiamente, lo denominas, poniendo los muertos, los recursos y el pecho.

    Los colombianos estamos divididos en dos bandos, cuyos líderes no tienen, ni han tenido, el más mínimo asomo de bondad, cuidado y preocupación real por nosotros. Nos matamos defendiendo políticos que, haciendo honor a la verdad, ni saben que existimos. Es lamentable.

    Cambiando de tema te cuento que este año (estoy en calendario B) que está a punto de iniciar me voy con mis chinos por los lados de Shelley, Carroll, Stevenson, Conrad, Conan Doyle, Poe. Necesito un par de contemporaneos, en Inglés, de esas sagas actuales sé muy poco, ¿alguna recomendación?

    Terminando este largo comentario te cuento que por medio tuyo llegue a una historia enorme: El defensor tiene la palabra, me dejó sin aliento el final. Gracias. Por ahí también leí De que hablo cuando hablo de correr, Del otro lado del jardín y tengo pendiente El palacio de la luna. Por último, quisiera saber tu opinión o algún comentario tuyo del Gran Gatsby, desde hace años no me la logro sacar de la cabeza.

    Gracias y saludos.


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    1. 1. Sí, deberíamos entender que la supremacía moral de este país no la tienen ni los combatientes, ni los políticos ni los partidos, sino nosotros, los que nunca hemos asesinado a nadie, hemos trabajado de sol a sol y hemos pagado impuestos. Por eso nos merecemos otro país.
      2. Bellú es de lo mejor que yo he leído. Esa novela es de una fuerza tremenda. Fue su único libro. Ojo a los otros rumanos: Vintilia Horia, Virgil Gheorghiu.
      3. Aparte de Ishiguro, que es inglés, a mí me gusta Neil Gaiman.
      Un abrazo y buen viaje, MM.

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    2. Ah, y el Gran Gatsby es lo que se llama poder por ausencia, es decir, como en el arte japonés Sumi-e, o el haikú, lo importante es la tensión que se produce entre lo que está y lo que no está, entre lo que se dice y lo que no se dice. Genial.
      Hasta pronto, MM.

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  2. Una de las muestras elementales de polaridad, controversia y de reacción que produce el tema, lo tiene Usted en los comentarios, tan solo 1, cuando todas sus entradas tienen siempre varias docenas de los mismos. Lo que quiere decir que muchos, quizá por respeto al propio aprecio que le tienen, prefirieron guardar silencio, pero han de estar en alguno de los extremos de la concepción guerrerista. Se inventaron que son actores en una guerra en la cual no han puesto ni voluntad, ni muertos, ni nada, tan solo opinión y fuerza desde la comodidad de las redes sociales. En parte, he visto que un buen ejercicio para resistir, para consolidar lo crítico, es dejar de comerle tanto cuento a la comunicación alterna en redes sociales, al igual que a a aquella de canales más convencionales. Siento que se ha perdido todo carácter objetivo en la transmisión de información. Aplaudo su llamamiento a la mesura, a la adopción racional de una solución que permita un microcambio, algo que sirva de base para construir una verdadera paz. Saludos.

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    1. Sí, acabo de pulir una versión más breve para el periódico y la subieron ya. Está aquí arriba. Creo que estamos en el deber de rescatar a la sociedad civil de esa lógica guerrera... Saludos, MM...

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  3. Así es Mario el cambio esta en el pueblo y depende de nosotros que se acabe ya mismo esta guerra, necesitamos más educación, cultura y armonía. Esperando que con esto los Colombianos comencemos apreciar lo verdaderamente importante y eso no tiene que ver con el dinero, debemos exigir que se cuiden nuestros ecosistemas, que se genere conciencia.

    Por lo menos ya estamos a la espera de dar el primer paso.

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    1. Sí, sin este primer paso todo el resto es imposible... Ya veremos... Saludos, MM...

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