11 jul. 2017

La verdadera revolución





   Al comienzo creímos que la intolerancia y la violencia llegarían del bando de esa derecha recalcitrante y ciega que asesinó a Bernardo Jaramillo, a Pardo Leal, a Pizarro y a miles de integrantes de la UP. Así lo indicaban las temibles cifras de defensores de derechos humanos eliminados de un modo tenebroso en los últimos meses.
   Y de repente estalló la bomba en el Centro Comercial Andino y todos quedamos perplejos, sin saber bien qué era lo que estaba ocurriendo. Como la Fiscalía está tan desprestigiada por los últimos escándalos, y como tantas veces nos han metido gato por liebre, fue difícil tragarnos esa versión de que unos estudiantes y egresados de la Universidad Nacional estaban implicados en los hechos. Creímos que se trataba de otro falso positivo, como tantas veces lo han teatralizado en el pasado. Y no, parece que, en efecto, hay pequeños grupos todavía que creen en la lucha armada, en poner bombas y matar inocentes. Qué disparate.
   Es de no creer que uno vaya a la universidad y no aprenda el valor de la democracia, del respeto, de la alteridad. Es increíble que llegue un proceso de paz y haya gente todavía añorando las pistolas, los morteros y las granadas. Ahí se nota todo el daño que nos han hecho, todo lo maltratados y lesionados que estamos. No podemos estar tranquilos y en paz, necesitamos de las balas y los revólveres. Necesitamos de la agresión y del ejercicio de la fuerza sobre los otros. Y cómo se nota también que no tienen ni idea de lo que es una revolución.
   ¿Qué es lo que se espera de nosotros, los colombianos? Que seamos precisamente violentos, déspotas, agresivos. ¿Qué hay de nuevo en eso? Nada. Esa es la imagen que hemos proyectado durante décadas enteras. El cliché del colombiano en el extranjero está relacionado con mafiosos, sicarios, guerrilleros, paramilitares y secuestradores. Por eso nos toca a veces aguantar largos interrogatorios y requisas en todos los aeropuertos del mundo. Esa es la imagen que hemos brindado de nosotros mismos.
   Entonces, ¿qué de revolucionario hay en creer que es preciso matonear, amedrentar y asesinar inocentes? Nada, eso es lo que hemos hecho hasta el cansancio: corte de franela, corte de corbata, secuestro exprés. Somos unos duros en prácticas tanáticas. Somos los Señores de la Muerte.
   Lo revolucionario está en exactamente todo lo contrario: en no agredir, en ser solidario, en ayudar a los otros, en ser disciplinado y creativo. Lo raro en Colombia no es traficar armas y matar gente. Lo extraño es pasar años estudiando y preparándose, inventar nuevas formas de pensamiento, pintar, hacer cine, escribir libros, diseñar nuevos aparatos, construcciones, puentes y avenidas. Un auténtico revolucionario es alguien que al dar la vuelta completa (una revolución) sale al otro lado transformado por completo en otro sujeto.
    Los colombianos estamos cansados de matones, nos importa poco si justifican esa pose con ideologías de izquierda o de derecha. En el fondo se parecen, son iguales: vaqueritos jugando a quién desenfunda más rápido. ¿Hasta cuándo nos tocará aguantar esta ralea de cowboys creyéndose los salvadores del mundo mientras disparan a diestra y siniestra?

   Lo que estamos necesitando es médicos investigando, filósofos, astrónomos, físicos teóricos, ingenieros mecánicos, chefs, músicos, diseñadores gráficos. No saldremos de este ciclo repitiendo conductas nefastas y enfermizas. Saldremos comprendiendo que podemos ser otros, que no estamos condenados a los estereotipos que nos impusieron a las malas. La verdadera revolución no tiene que ver con la fuerza, sino con la inteligencia. No es un problema de fusiles ni de bombas, sino de libros y lápices. Esa es la verdadera sorpresa, eso es lo que nadie se espera de nosotros. Y por eso vale tanto la pena intentarlo a fondo: porque es mucho más difícil.

19 comentarios:

  1. Si señor, sólo en la educación, en la cultura, en el cambio de pensamiento está la esperanza para una nueva Colombia!

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    1. Así es. No hay un solo ejemplo de un país que haya salido del subdesarrollo a punta de tanques y fusiles.
      Saludos, MM.

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  3. Absolutamente de acuerdo con la cultura pacifista que profesas, a grandes rasgos en Colombia aún es raro ver profesionales entregados a su trabajo y construyendo un mejor país, la poblacion no deja de aumentar y con ella la pobreza, la desinformacion que aportan los medios de comunicacion, y la limitada motivación hacia la lectura que se tiene este país, han hecho de Colombia una tierra agresiva, que solo se ve impulsada por la conveniencia, el egoísmo y la bajeza.

    Agradezco que mediante tus obras demuestres que la literatura tiene muchos matices, y que recalques la importancia de leer, cada persona tiene sus propios gustos, pero la lectura en si nos ayuda a aumentar la sed de conocimiento y mejora nuestra capacidad de crítica.

    (No está de más recordar que en Cobró de Sangre, Samuel Sotomayor realizó un atentado similar tal vez por razones diferentes, aunque sus compañeros lo ayudarán en enceguecidos por el discurso de "la lucha".
    Esto demuestra que las historias que podemos contar de la actual Colombia no difieren mucho de la Colombia de hace algunas décadas. Esperemos que todo esto cambie)

    Escribir es resistir.
    Gracias por tu trabajo. Un fuerte abrazo.

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    1. Claro, en esa novela el protagonista entiende tarde el horror que ha cometido.
      Y leer también es resistir.
      Saludos, MM.

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  4. Recuerdo claramente a Samuel Sotomayor en Cobro de Sangre. Somos nosotros los de este bando los que nos hacemos esta reflexión. Cómo carajos no hay consciencia de los tiempos que vivimos. Mientras este país lleva un proceso de paz de ya varios años y deberíamos pensarnos en la siguiente etapa moral-social, seguimos siendo testigos de funcionarios corruptos, de homicidios en los barrios que rayan lo psicótico, de niños asesinados, de cientos de desaparecidos, de mujeres vilmente asesinadas y mil horrores más que ya no sorprenden. No hay enlaces, ni un centímetro de cuerda entre la responsabilidad moral de nuestra sociedad y su presente.

    Excelente análisis Maestro.
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  5. Un fraternal saludo Mario, esa revolución que veo en el campo, cuando se la luchan e invierten tiempo y recursos por meses, para lograr una cosecha, que un ciudadano de sociedad desecha por no tener los estándares que le ha vendido una pantalla, y que es mal pagado por los grandes señores, es por la que hay que luchar, pero luchar con letras, pensamientos y palabras, no con armas. Todos tenemos una lucha que librar con este mundo, la diferencia está, en cómo lo hacemos. muy buen texto Mario y bonita energía en tus proyectos desde este lado de la pantalla. Un abrazo, C.G.

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    1. Lo importante es tener siempre presente el consejo de Mockus: el otro es sagrado.
      Saludos, MM.

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  6. Hola querido Mario, muy buena columna de verdad leer es resistir... gracias saludos de lunita.

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  7. Estudiar y pensar como formas de resistencia, sí...
    Saludos, MM.

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  8. Mario, gracias, usted me inspira un montón.

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    1. Algún día lograremos que esto sea diferente.
      Saludos, MM.

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  9. Maestro la verdadera revolución es de consciencia y se consigue de manera individual. Lo de esta gente de izquierda y derecha, son sus deseos autoritarios de imponer a los demás sus ideas. Además un automóvil que está fallando no se arregla cambiandole el conductor.

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    1. Qué difícil, sí, pero vale la pena intentarlo.
      Saludos, MM.

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  10. una escalera al cielo, la revolución de las cosas pequeñas, así es, no podemos estar condenados a lo de siempre.

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    1. No, no estamos condenados. Claro que no. Podemos modificar esto.
      Saludos, MM.

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  11. Mario hasta cuando la maldad inundara los corazones de los hombres secuestran torturan desmembran matan sin piedad y lo mas triste por venganzas falta de tolerancia porque le es tan dificil aceptar la diferencia el respeto hacia el otro yo con tristeza me pregunto hasta cuando. Gracias mario

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    1. Hasta que logremos imponer un proyecto educativo de gran envergadura y modifiquemos el inconsciente colectivo.
      Saludos, MM.

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